2 de agosto de 2020
Los días que fueron nuestros
Hace un par de años cuando decidí retomar mi terapia de psicoanálisis, recuerdo que Camilo sembró en mi la idea de escribir lo que sentía, de verter las ideas que saturaban mi mente y no detenerme hasta saciarme, hasta desahogarme del abismo.
Creo que nunca le dije que solía hacerlo, que tenía una especie de diario-blog en línea y sigo pensando que se lo oculté por temor a que entrara a leerme y entonces, tuviera esa ventaja sobre mí, sobre mi historia.
Siempre he tenido esta cabeza desconfiada y arisca (no muchos me reconocen así, pero yo sí), llegué a pensar que si mi terapeuta leía algo sobre mí o mi pasado, le estaba haciendo su trabajo fácil; le permitiría incluso guiarme en la asociación de eventos, sin tanto esfuerzo. Sí, esa soy yo.
Al inicio dije que hacía un par de años que retomé la terapia, pero no es cierto, fue ya hace casi cuatro años de ese evento, lo sé y lo reconozco, porque justo ahora se cumplirá el primer par de años, sin ti.
He terminado de leer un libro, que compré impulsada por una recomendación de una chica que lee mucho, recomienda libros y vive de ello; la chica mencionó "recuerdo que lloré tanto con este libro, que sentí como sané después de leerlo".
¿Es común leer o escuchar la frase de "como dagas que atravesaban mi cuerpo"? No sé si para toda la gente, pero para mi sí; y fue eso, fue justo eso lo que sentí cuando comencé a leer El Libro. Pensé en llamarte emocionada para contarte, después reparé en qué era mejor 'guardarlo para mi'; sin embargo, a los días de constante lectura, decidí escribirte y sugerirte que lo leyeras, negociando palabras cómo "creo que te gustaría", "habla de una separación", etc...
No quiero narrar, ni describir el libro... eso no va aquí, solo quiero desahogarme de la manera en la que me sentí durante su lectura; de cómo resultó ser un huracán de emociones, donde mi pobre infraestructura anímica - terminó devastada.
Mi espíritu guerrero y resiliente, me invita a interpretar un futuro distinto, un final alternativo al del libro, al que desde hace 20 meses llevamos ejecutando... El tiempo vuela, me resulta aberrante saber que ha pasado un año desde la última vez que estuve a menos de un metro de ti, me da temor el futuro y como las cosas, los lugares, la gente aparece sin traerte a mi, pero es tu fantasma quién esta aquí, junto a mi.
La regla de los tres amores, ahora me come a mí. Pienso y te pienso, así.
Nos tocará vivir nuevos amores, nuevos lugares y destinos, nos tocará vivir de lejos la cercanía de conocernos tan bien, de guardar en pequeños cajoncitos las cosas que nos queremos compartir y que sólo vamos depositando ahí.
Gracias eternas por enseñarme a vivir, gracias por hacerme vibrar con solo pensar en ti.
Ahora entiendo porque siempre te firmé así:
Tuya siempre, Alejandra.
12 de noviembre de 2016
Blue days
Quisiera decirte cuanto me duelen los huesos cuando escucho tus mensajes de voz por las noches antes de dormir, pero no puedo. Siento que si comienzo a decirte la tortura de no tenerte a mi lado, te perderé; o bien, te irás.
Nadie dijo que sería sencillo. Nadie dijo que extrañaría la manera en que no me pones atención cuando estas en el celular y como me dices que no a cualquier cosa y aún así me sigas pareciendo la criatura mas adorable que ha pisado este horrible planeta.
Tuya siempre.
Nadie dijo que sería sencillo. Nadie dijo que extrañaría la manera en que no me pones atención cuando estas en el celular y como me dices que no a cualquier cosa y aún así me sigas pareciendo la criatura mas adorable que ha pisado este horrible planeta.
Tuya siempre.
27 de junio de 2013
Horrores II
Encendí la cafetera con la intención de calentar mis manos y ponerme a escribir, justo cuando iba camino al escritorio me encontré con mi vaso de peltre y tomé la botella de whisky que posaba sobre las cajas de la mudanza. Intentaba salir al balcón para no viciar el aire con el humo de mi cigarro, pero decidí arrastrar mi destino hasta el pie del ventanal. Ninguna brisa movió mis cabellos, el sol me pegaba de frente y aborté la misión. Ahora estoy en los escalones del edificio, viendo a la gente pasar, agotando mi licor a sorbos y tragos breves que perduren en mi garganta. Leo y releo en mi mente lo que te estaría escribiendo, la elocuencia de mis palabras no harán compás jamás con mi lentitud mecanógrafa. Pensando en eso y en los ojos distantes que solían verme mientras pintaba tu recamara. Añorábamos la ausencia para necesitarnos más. Ahora acá estoy y tu allá. No quiero escribirte por escribir, no quiero gastar en timbres que no viajan a ninguna parte, en carteros con el morral vacío o con solo catálogos publicitarios. Quiero que esta prosa signifiqué algo para mi, luego para ti. Deseo con el alma que vuele hasta tus ojos y la leas en voz baja, casi susurrando porque la persona de junto sigue durmiendo y sonrías justo en esta parte. Ahora tengo tu completa atención. Ahora quiero que sepas que te extraño horrores.
7 de mayo de 2013
Tus huellas, son mis pasos.
Cuando el agua dejó de lubricar los pastos y mi voz pasó desapercibida por el aire, fue ahí que comencé a extrañarte. Me sorprendí al verme frente al espejo y no reconocerme. El físico me quiere confundir, pero son estos ojos los que no se hallan en los otros. Esos gajos que conforman mis entrañas andan perdidos. Sin siquiera ganas de buscarlos y unirlos, me pierdo en tus cartas y gravito.
Hace meses que bailo en la delicada comedia que enmarca mi vida, unos vienen, otros beben y no paro de fumar, fumarte para respirar, respirarte y consumirnos sin encajar.
El rumbo sigue errado, le susurro al pájaro de enormes ojos que me visita por las noches. Aquél con el que bajo a mis sueños, mientras revolotea por mis cienes. Estando ahí, todo es seguro. Esa alfombra que me traslada y envuelve, a veces me arroja de precipicios y otras me hunde en fango; esa misma que me sacude las lágrimas después de un trago de algo.
Luego me preguntan: ¿Qué soñabas, amor? ¿Por que tan intranquila?. Los observo a ellos en mutis. (¿Quién demonios quiere saber mis sueños?)
Mi lado egoísta se agiganta y me guardo toda, entera.
Esa adrenalina, única y húmeda; seguirá siendo sólo mía.
Mía y tuya. Más tuya que mía.
A.P.
27 de diciembre de 2012
La cuarta taza de café
“Siempre he sobrevalorado mi imaginación, pensar que estoy en donde no
estoy, será por los siglos de siglos más divertido que afrontar la realidad
desde un ángulo crítico y pesimista. No, no soy un optimista radical, no.
Simplemente me gusta darle un giro divertido y perspicaz a mi vida diaria…
Hoy cuando fui al banco a pagar la hipoteca y la fila daba 6 vueltas, no imaginé un juego de serpientes y escaleras, no. Mi imaginación no va hacia ese lado fantástico, solo se las ingenia para salir avante de las circunstancias, del día a día. Hoy, me puse a ver los zapatos de las personas en la fila; contaba los deportivos, los maltratados, los que tenían agujetas, los que tenían agujetas sueltas y segmenté las posibilidades de huir, al escuchar un disparo. Entonces, me di cuenta que para algunas personas (las de calzado deportivo) sería sencillísimo escapar de ahí. En ese momento, fue que imaginé a la gente en cámara lenta correr por sus vidas, con un dejo sarcástico los veía pisarse unos a los otros y el niño que se regresaba por su juguete y la madre que no paraba de gritar pero no colgaba el teléfono…!
Hoy cuando fui al banco a pagar la hipoteca y la fila daba 6 vueltas, no imaginé un juego de serpientes y escaleras, no. Mi imaginación no va hacia ese lado fantástico, solo se las ingenia para salir avante de las circunstancias, del día a día. Hoy, me puse a ver los zapatos de las personas en la fila; contaba los deportivos, los maltratados, los que tenían agujetas, los que tenían agujetas sueltas y segmenté las posibilidades de huir, al escuchar un disparo. Entonces, me di cuenta que para algunas personas (las de calzado deportivo) sería sencillísimo escapar de ahí. En ese momento, fue que imaginé a la gente en cámara lenta correr por sus vidas, con un dejo sarcástico los veía pisarse unos a los otros y el niño que se regresaba por su juguete y la madre que no paraba de gritar pero no colgaba el teléfono…!
Si, así es mi imaginación. Así es como de pronto en los elevadores
puedo bailar en el momento en que se cierran las puertas y nadie me ve (eso creo
yo). Cuando tengo mucho trabajo y mi vista deja de ser 20/20 por estar
observando a detalle números que se mueven entre celdas, filas y columnas, es ahí cuando mi imaginación se transforma en
aspiración; entonces aspiro a dejar de ver números y en su lugar ver códigos,
códigos que descifrarán la malaria y curarán la fobia al rubik…
Luego, luego suspiro cuando Sandra que va por su cuarta taza de café y
es la única causante de mis distracciones panorámicas; pero… ¿Sabes algo? tampoco
ahí dejo al lado la imaginación.
El único momento donde la pierdo por completo, es cuando me toca lavar los trastes…”
El único momento donde la pierdo por completo, es cuando me toca lavar los trastes…”
Terminó de decir eso y le dio un
largo trago a su limonada.
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