
Abres los ojos, el abanico con su bajo zumbido te ha despertado.
-¿Y ahora qué?- te preguntas.
Las fundas amarillas de tus almohadas no hacen mas que abrazarte, el sol entra por ambas ventanas de tu dormitorio, la mañana en sí es fresca, por lo que el abanico esta de más, pero es aqui donde empieza la amarga condena de decidir pararte, solo para apagarlo, por lo que tomas el cobertor que yace a tus pies y te abrigas un poco.
El claxon de tu vecino es incontrolable, sobretodo porque a su esposa se le ha hecho tarde, ella sale corriendo con el pan tostado en una mano y la paqueña bolsita de cosmeticos (ya abierta) en la otra. Él, la mira con enfado. Esbozas una sonrisa, ante la ironia que representa dicha escena.
Tu celular suena, lo ves; es un mensaje de texto:
Habrá fiesta hoy en casa de Sofia, vienes?
Tu sigues recostado, meditando, anhelando un cigarro.