15 de abril de 2009

siguiendo la luna, no llegaré lejos...

Siempre me maravillé con las fotos nocturnas que tomaba Francisco (a.c.a. Chisco) y pues, no habia tenido la oportunidad de tomar bien a bien alguna, hasta que se me ocurrio regalarle a Francisco (a.c.a. Chisco) un tripie y fue entonces, que al pedirle 'prestado' el tripie a Francisco (a.c.a. Chisco) logre estas panoramicas.

14 de abril de 2009

tus pasos


Soñé, recuerdo que soñé
que te esperaba en el Café
y nunca llegabas.

El Café estaba vacío
y se iba poco a poco llenando
de gente
que llenaban tu rostro
pero no tu cabello,
con tus manos
pero no con tus ojos
cargando tu cuerpo
sin tus labios.

Todos entraban
cada uno
con un pedacito tuyo
sin llegar a constituirte
por completo...

Desperté,
y ya no estabas a mi lado
maldita locura permanente
que no emigró tras tus pasos.

10 de abril de 2009

¿fiesta?



Abres los ojos, el abanico con su bajo zumbido te ha despertado.

-¿Y ahora qué?- te preguntas.


Las fundas amarillas de tus almohadas no hacen mas que abrazarte, el sol entra por ambas ventanas de tu dormitorio, la mañana en sí es fresca, por lo que el abanico esta de más, pero es aqui donde empieza la amarga condena de decidir pararte, solo para apagarlo, por lo que tomas el cobertor que yace a tus pies y te abrigas un poco.


El claxon de tu vecino es incontrolable, sobretodo porque a su esposa se le ha hecho tarde, ella sale corriendo con el pan tostado en una mano y la paqueña bolsita de cosmeticos (ya abierta) en la otra. Él, la mira con enfado. Esbozas una sonrisa, ante la ironia que representa dicha escena.

Tu celular suena, lo ves; es un mensaje de texto:
Habrá fiesta hoy en casa de Sofia, vienes?


Tu sigues recostado, meditando, anhelando un cigarro.

8 de abril de 2009

El patio cuadrado



Atardecía y desde el patio descubierto se podía ver un crepúsculo tan enrojecido como un incendio o como un mar de púrpura.
Era uno de esos patios de provincia, cuadrados, con corredores y habitaciones a cada lado.
Horacio estaba sentado junto a mí mirando el atardecer, y en los rincones de los corredores unos embozados permanecían replegados y quietos como si fuera un coro secundario, un acompañamiento de sordina o a sotto voce.
No se si sería por aquel ocaso ensangrentado o porque era esa hora de la tarde en que uno se siente especialmente triste que ninguno de los dos hablábamos.
De pronto descubrí la silueta de un hombre que se recortaba contra el fondo rojísimo del cielo como un puñal negro, clavado en el borde mismo de la cornisa del patio, Un mínimo impulso bastaba para que se precipitara al vacío.
-Se va a matar - le dije a Horacio.
-Se va a matar- dije de nuevo, porque el hombre permanecía sin dar un paso atrás, como si estuviera resulto a lanzarse. Busqué con la mirada a Horacio pero ya no estaba junto a mí. Me tranquilizó saber que había compredido mi mensaje y lo iba a salvar.
Ansiosamente espere verlo llegar detrás del hombre; pero los minutos pasaban y Horacio no aparecía. Mientras el atardecer se desgaja en jirones sangrantes.
Entonces supe que Horacio estaba frente al suicida en el otro extremo del patio, en idéntica actitud: como dos dagas clavadas frente a frente, como dos peones en un tablero de ajedrez.
-Se va a matar- dije, ya sin esperanzas, mirando al desconocido.
En ese mismo instante Horacio se precipitó al vacío. Los embozados que habían permanecido inmóviles lanzaron un graznido siniestro y se arrojaron voraces sobre el cuerpo caído, cubriéndolo con sus alas parduzcas y membranosas.Yo comencé a retroceder, a retroceder.... Entre al cuarto donde se guardaban los juguetes de infancia, pero aquella habitación llena siempre de muñecas, pelotas, osos, patines, era ahora un enorme vestidor con percheros repletos de ropa.
Una vez que se entraba ahí ya no era posible ver sino prendas de vestir por todos lados, como si fuera una tienda de empeño o de esas en que se alquilan trajes para toda ocasión.
Había cientos, miles de vestidos lindos y costosos de los estilos y olores más diversos; cualquier prenda de ropa que uno pudiera desear estaba ahí, con gran entusiasmo me dediqué a probarme todas las cosas, pero nada me quedaba bien, o era grande o era chico, largo o apretado.
No había nada a mi medida, nada.
Comence a desesperarme y a sufrir verdaderamente por no encontrara algo de mi talla, pero no cesaba en mi empeño y me medía vestidos y más vestidos, abrigos y sacos y capas, blusas y faldas y negligés.
by Amparo Dávila

sin ediciones

Sentarme ahi después de haber caminado toda la mañana por los alrededores de San Miguel de Allende, fue realmente reconfortante; recuerdo que en dicho museo no dejaban fumar, yo traía una Coca Cola y el vigilante me vio tan cansada y con la cajetilla a mi lado, que me dijo: -Andele, ya fumese su cigarrito. Que al cabo yo le cuido.
La foto la tome con mi celular, asi luce la banca; sin ediciones.
Subiré un cuento de Amparo Dávila, que me encanta y siempre que lo recuerdo; imagino que los personajes estaban sentados en esa banca
.

6 de abril de 2009

san lunes...

Tenia tiempo de no desvelarme tanto en domingo o tal vez tenia tiempo de no sentirme tan cansada en lunes, no me podia levantar, apague el despertador como veinte veces, todo esfuerzo resultaba inutil; al final, lo logré...
Semana de vacaciones para la mayoria de los mortales, no me incluyo; la ciudad esta de lo mas tranquila, ideal para unas buenas fotos, pero tengo trabajo y sueño; mucho sueño.
Hoy cumple años mi Papá ferviente admirador de Javier Solis y de los Beatles, por lo que iremos a cenar y sera otro dia de no dormir temprano. Lo amerita.
Tengo sueño y ganas de sorprenderme con algo nuevo, algo que robe mi atencion repentinamente, algo que me haga sonreir, algun niño que me saque la lengua, algun panoramico ridiculo, quiero ver a un señor con shorts deportivos y calcetines beiges.