27 de octubre de 2010

silbidos

Ciertos placeres vienen en pequeñas dosis a propósito, como la crema que yace embarrada sobre el piso del plato que contenía tu platillo favorito y que saboreas con un trozo de pan tostado, como la mirada del viejo que sonríe chimuelo, como los zapatitos de la mujer que hace el aseo en tu oficina, el olor del cuello de la persona que quieres mientras se abraza, como aquella panorámica que creíste nunca ver y ahora la captas al oprimir obturador, como el ultimo cigarro del día al cerrar el libro; pequeñas dosis de placer, esporádicas tan pequeñas y fugaces que caben en un botecito y que al cerrarlo rechina por el contacto del corcho con el vidrio.
El humo baila sobre tu cama, sigues viendo el techo. Varias fotografías y una pintura adornan tus paredes, los libros llenan las repisas y los silbidos mal acompañan la sintonía de una canción, esa que se repite en tu mente como una tonada constante de alegría y sigues escribiendo de noche, pensando que nadie leerá lo que divagas. Seamos unos malditos positivos, no pensemos en nimiedades, esperemos que no nos quede solo un cigarro mojado.


No hay comentarios:

Publicar un comentario