27 de junio de 2013
Horrores II
Encendí la cafetera con la intención de calentar mis manos y ponerme a escribir, justo cuando iba camino al escritorio me encontré con mi vaso de peltre y tomé la botella de whisky que posaba sobre las cajas de la mudanza. Intentaba salir al balcón para no viciar el aire con el humo de mi cigarro, pero decidí arrastrar mi destino hasta el pie del ventanal. Ninguna brisa movió mis cabellos, el sol me pegaba de frente y aborté la misión. Ahora estoy en los escalones del edificio, viendo a la gente pasar, agotando mi licor a sorbos y tragos breves que perduren en mi garganta. Leo y releo en mi mente lo que te estaría escribiendo, la elocuencia de mis palabras no harán compás jamás con mi lentitud mecanógrafa. Pensando en eso y en los ojos distantes que solían verme mientras pintaba tu recamara. Añorábamos la ausencia para necesitarnos más. Ahora acá estoy y tu allá. No quiero escribirte por escribir, no quiero gastar en timbres que no viajan a ninguna parte, en carteros con el morral vacío o con solo catálogos publicitarios. Quiero que esta prosa signifiqué algo para mi, luego para ti. Deseo con el alma que vuele hasta tus ojos y la leas en voz baja, casi susurrando porque la persona de junto sigue durmiendo y sonrías justo en esta parte. Ahora tengo tu completa atención. Ahora quiero que sepas que te extraño horrores.
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